Minerales del futuro: McKinsey proyecta un cambio profundo en la demanda global hacia 2035
La consultora McKinsey & Company anticipa una transformación estructural en la demanda de minerales críticos durante la próxima década, impulsada por la transición energética y la digitalización. En su informe Global Materials Perspective 2025, estima que más del 50 % del crecimiento de materiales hasta 2030 estará relacionado con estas dos tendencias, lo que situará al cobre, litio, níquel, grafito y tierras raras como protagonistas de la nueva economía verde. En contraste, minerales tradicionales como el hierro, el carbón metalúrgico y los metales del grupo del platino registrarán un estancamiento o descenso en su demanda.
Según el estudio, satisfacer las necesidades de materiales hacia 2035 requerirá inversiones superiores a 4,7 billones de dólares y una capacidad adicional de 270 GW de energía, cifras que reflejan la magnitud de la transición industrial. A la par, los costos de producción seguirán en ascenso por la reducción de leyes minerales y mayores exigencias ambientales, lo que vuelve crucial la adopción de tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial, la automatización y los nuevos procesos de extracción directa de litio o lixiviación de sulfuros.
McKinsey advierte que el suministro global tiende a concentrarse: en los últimos cinco años, la concentración minera y de refinación aumentó entre tres y cinco puntos porcentuales. A ello se suma un creciente nacionalismo de recursos, con países como Indonesia, Zambia o Gabón limitando exportaciones para desarrollar industrias locales. Sin embargo, el 60 % de las reservas de cobre, litio y tierras raras aún está fuera de los tres principales productores, lo que abre espacio para diversificar la cadena de suministro global si se superan los retos de infraestructura, inversión y regulación.
América del Sur se consolida como una zona estratégica. Chile, Argentina, Perú y Brasil ocupan un papel central, mientras que el “Triángulo del Litio” (Argentina, Bolivia y Chile) podría proveer hasta un 25 % del litio mundial hacia 2030. El informe señala que los mayores obstáculos no son geológicos, sino políticos y financieros, lo que exige estabilidad y visión a largo plazo para aprovechar la oportunidad.
El sector minero enfrenta también una brecha de talento: los graduados en minería han caído un 75 % en Australia y un 40 % en Estados Unidos durante la última década, y para 2035 se requerirán más de 350 000 nuevos profesionales en geología, metalurgia y automatización. En materia ambiental, la consultora advierte una desaceleración en la implementación de proyectos de cero emisiones, con un tercio de las iniciativas de acero verde suspendidas en Europa. Pese a ello, la economía circular, el reciclaje y la trazabilidad de materiales siguen ganando terreno.
McKinsey resume tres líneas de acción para el futuro: diversificar la oferta minera, aumentar la productividad con energías limpias y automatización, y adoptar modelos sostenibles de bajo costo.
Para Ecuador, el análisis deja lecciones claras: el país podría posicionarse como proveedor relevante de minerales críticos si impulsa infraestructura, tecnología y formación especializada. Apostar por la innovación y la sostenibilidad será determinante para que los recursos nacionales se integren a la nueva cadena global que definirá la economía de los próximos años.

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