Medicina ancestral. Iquitos. Manta Manaos
En 1902, la selva amazónica parecía haber reclamado una vida más. Manuel Córdova-Ríos, un adolescente de 15 años, desapareció en las cercanías del río Mishagua y fue dado por muerto. Sin embargo, siete años después, regresaría convertido en una de las figuras más enigmáticas y respetadas del conocimiento medicinal amazónico.
Lejos de morir, Manuel fue capturado por el pueblo indígena Amahuaca, una comunidad aislada y temida en aquella época. Contra todo pronóstico, fue adoptado por el jefe de la tribu, Xanu, quien reconoció en él una capacidad poco común y lo formó como aprendiz y heredero espiritual. Durante ese tiempo, Manuel dejó atrás su identidad para convertirse en Ino Moxo, el “Jaguar Negro”.
Bajo una disciplina rigurosa que incluía ayunos, aislamiento y una dieta estricta, Ino Moxo aprendió a interpretar la selva como un sistema vivo de conocimiento. Dominó el uso de plantas medicinales, resinas y cortezas capaces de detener hemorragias, combatir parásitos y tratar enfermedades que la medicina occidental no lograba comprender. También fue iniciado en prácticas de medicina sagrada que exploraban la conciencia y el equilibrio entre cuerpo y naturaleza.
Cuando regresó a Iquitos en 1909, su saber sorprendió a médicos y autoridades. En una región golpeada por enfermedades tropicales, Manuel logró curaciones consideradas imposibles. Uno de los casos más citados fue la recuperación de un oficial de policía con una infección parasitaria severa, desahuciado por los hospitales, que sanó tras un tratamiento botánico preparado por él.
Lejos de atribuir sus logros a milagros, Manuel defendía la ciencia ancestral amazónica. Su prestigio trascendió fronteras y atrajo a botánicos, farmacólogos y científicos interesados en sustancias como el curare y otros compuestos neuroactivos. Así, se convirtió en un puente entre el conocimiento indígena y la farmacología moderna.
Manuel Córdova-Ríos falleció en 1978, a los 91 años, tras dedicar su vida a curar y enseñar en Iquitos. Su historia, documentada por el antropólogo F. Bruce Lamb en Wizard of the Upper Amazon, es hoy un recordatorio de que la selva no es un territorio salvaje, sino un sistema profundamente sofisticado de saberes que el mundo moderno apenas comienza a comprender.


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