América Latina se convierte en epicentro global de la disputa por minerales críticos en 2026
América Latina entra en 2026 posicionándose como el centro de una creciente disputa global por los minerales críticos necesarios para la transición energética y las tecnologías del futuro, informó SBS en español en un reciente análisis.
Con cerca del 35 % de las reservas mundiales de litio y alrededor del 40 % de las de cobre, la región sudamericana —especialmente el llamado “triángulo del litio” formado por Chile, Argentina y Bolivia— ha ganado protagonismo estratégico en un contexto en el que la demanda por baterías, energías renovables y semiconductores sigue en alza.
Este auge económico también ha atraído la atención de potencias globales: China se consolida como uno de los principales inversores en minería de litio y cobre en la región, mientras que Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Corea del Sur buscan acuerdos que aseguren el abastecimiento de materias primas clave para sus industrias tecnológicas y energéticas.
Sin embargo, el desarrollo de estos proyectos extractivos no está exento de tensiones sociales y ambientales. Más de 600 comunidades indígenas y rurales, que agrupan a cerca de 7 millones de personas, han expresado su rechazo frente a proyectos mineros que ponen en riesgo el agua, los territorios ancestrales y sus formas de vida tradicionales. En Chile, por ejemplo, más de 50 comunidades atacameñas denuncian la pérdida de agua en el desierto de Atacama vinculada a la actividad de extracción de litio.
La presión social se replica en varios países de la región: en Argentina decenas de comunidades originarias exigen consultas previas frente a proyectos de litio; en Bolivia las comunidades quechuas y aymaras advierten sobre los impactos en salares como Uyuni y Coipasa; y en México, comunidades yaquis han cuestionado la explotación del litio en Sonora, uno de los yacimientos más grandes del mundo.
Además del litio y el cobre, países como Brasil destacan por sus reservas de níquel, manganeso y tierras raras, esenciales para las tecnologías limpias, aunque también enfrentan denuncias de deforestación y contaminación en la Amazonía.
Organismos regionales estiman que América Latina podría atraer más de 50.000 millones de dólares anuales en inversiones mineras hasta 2030, impulsados por la demanda global de minerales críticos. Este escenario coloca a la región no solo como proveedora de materias primas, sino como un actor clave en la transición energética global, aunque con el desafío de equilibrar desarrollo económico, justicia social y protección del medio ambiente.

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