El mercado de metales cerró el tercer trimestre con un desempeño divergente: el cobre alcanzó en junio un nivel promedio considerado histórico, mientras que el oro sufrió una de sus caídas más pronunciadas en más de una década, en un contexto marcado por cambios en las expectativas económicas globales.
De acuerdo con el análisis difundido por La Tercera, el cobre se vio impulsado por una combinación de factores que incluyeron una demanda industrial más resiliente, especialmente desde Asia, junto con preocupaciones persistentes sobre la oferta minera. A ello se sumó el optimismo en torno a la transición energética, que sigue fortaleciendo la relevancia del metal rojo en sectores como la electrificación, la infraestructura y la industria tecnológica.
El buen desempeño del cobre durante junio lo posicionó como uno de los activos más dinámicos del periodo, en un escenario donde el mercado percibe posibles restricciones de suministro y una demanda estructural sostenida en el mediano plazo.
En contraste, el oro enfrentó presiones significativas durante el tercer trimestre, acumulando su mayor retroceso en 13 años. La caída estuvo asociada al fortalecimiento del dólar, a ajustes en las expectativas sobre las tasas de interés y a una menor demanda de refugio, en medio de un mayor apetito por activos de riesgo.
Analistas señalan que este comportamiento refleja un cambio en el ciclo financiero global, donde los metales responden de forma opuesta a las señales macroeconómicas: el cobre respaldado por la actividad productiva y el oro debilitado por condiciones monetarias más restrictivas.
El contraste entre ambos metales evidencia la volatilidad del mercado de materias primas, fuertemente condicionado por las decisiones de política monetaria, la dinámica del crecimiento global y la evolución del dólar estadounidense.