El país compró un promedio de 203.000 barriles diarios de derivados de petróleo durante el primer semestre de 2026, mientras la producción interna de combustibles continúa por debajo de los niveles registrados en 2024.
Ecuador vuelve a mostrar una paradoja en su sector energético: pese a ser productor de petróleo, cada vez necesita recurrir en mayor medida al mercado internacional para abastecer su demanda de combustibles.
Durante el primer semestre de 2026, el país importó un promedio de 203.000 barriles diarios de derivados de petróleo, según datos del Banco Central del Ecuador citados por La República. La cifra supera los 201.000 barriles diarios registrados en igual período de 2025 y está por encima de los 185.000 barriles diarios de 2024.
El aumento de las compras externas ocurre mientras la producción nacional de derivados enfrenta dificultades para recuperar los niveles alcanzados años atrás. Entre enero y junio de 2026, la producción promedió 179.998 barriles diarios, frente a 169.402 barriles diarios en 2025 y 198.156 en 2024.
Refinerías, el punto crítico
Uno de los principales factores detrás de esta situación se encuentra en la infraestructura de refinación.
La Refinería Esmeraldas, responsable de procesar alrededor del 60% del crudo nacional, atravesó durante el primer semestre una serie de mantenimientos y fallas que afectaron su capacidad operativa. Ocho unidades salieron de funcionamiento en distintos momentos.
Uno de los episodios más relevantes ocurrió el 1 de marzo, cuando un incidente en la unidad Sevia obligó a la instalación a operar por debajo de la mitad de su capacidad hasta comienzos de junio. La unidad FCC, fundamental para determinados procesos de refinación, retomó sus operaciones el 15 de mayo.
Los problemas no son nuevos. Durante 2025, la infraestructura petrolera ecuatoriana también sufrió interrupciones asociadas a un sismo, incidentes en tanques de almacenamiento y problemas en el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano, que registró suspensiones de bombeo superiores a 100 horas en marzo y junio de ese año.
Más importaciones, mayor presión fiscal
El incremento de las importaciones adquiere especial relevancia porque no se produce en un escenario de precios internacionales estables.
Desde marzo de 2026, los precios de los combustibles en los mercados internacionales registraron un fuerte incremento asociado al conflicto en Medio Oriente. Para Ecuador, esto significa que mantener el abastecimiento mediante compras externas implica un mayor desembolso de recursos.
La situación evidencia uno de los principales desafíos estructurales de la política energética ecuatoriana: producir petróleo no garantiza contar con suficiente combustible refinado dentro del país.
La brecha entre la producción de derivados y las necesidades del mercado obliga a Petroecuador a complementar el abastecimiento mediante importaciones, trasladando parte de la presión de los mercados internacionales hacia las cuentas públicas.
El desafío es recuperar la capacidad de refinación
El comportamiento del primer semestre vuelve a colocar a las refinerías en el centro del debate energético ecuatoriano. Mientras el país busca incrementar su producción petrolera, la capacidad para transformar ese crudo en combustibles continúa siendo un cuello de botella.
Con una producción interna de derivados inferior a la de 2024 y unas importaciones que alcanzan nuevos niveles, Ecuador enfrenta el reto de reducir su dependencia externa sin descuidar el mantenimiento y modernización de su infraestructura petrolera.
El problema, por tanto, no está únicamente en cuánto petróleo produce el país, sino en cuánto puede procesar, con qué eficiencia y a qué costo.
La tendencia del primer semestre de 2026 deja una señal clara: mientras las refinerías no recuperen estabilidad y capacidad operativa, Ecuador seguirá dependiendo del exterior para cubrir una parte importante de su demanda de combustibles.