Ecuador volvió a importar electricidad desde Colombia en agosto, pero el riesgo de una nueva etapa de sequía en ese país podría elevar significativamente el costo de esas compras durante el próximo estiaje.
Ecuador enfrenta nuevamente un desafío en materia energética. Mientras el país busca asegurar el suministro eléctrico para los meses de menor disponibilidad hídrica, el posible fortalecimiento del fenómeno de El Niño en Colombia podría presionar al alza los precios de la electricidad que Ecuador importa desde ese país.
La preocupación surge justo cuando se reactivó el intercambio eléctrico entre ambas naciones. Colombia retomó las ventas de electricidad a Ecuador el 5 de agosto de 2026, después de varios meses de suspensión. La interconexión permite enviar hasta unos 450 megavatios (MW), una capacidad equivalente a cerca del 10 % de la demanda promedio ecuatoriana.
El escenario podría complicarse a medida que avance el estiaje. Colombia llega a los meses de menor disponibilidad hídrica con presiones sobre su sistema eléctrico, mientras las previsiones climáticas apuntan a condiciones que podrían reducir la generación hidroeléctrica y aumentar la necesidad de recurrir a centrales térmicas.
Alejandro Castañeda, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Generadoras de Colombia (Andeg), advirtió que el precio de la electricidad podría incrementarse hacia finales de 2026, especialmente cuando Colombia entre en su propio periodo crítico de sequía.
Ecuador ya paga más por la electricidad importada
El impacto ya comenzó a reflejarse en los costos. Desde la reanudación de las ventas, Ecuador ha pagado valores superiores a los inicialmente previstos por el Operador Nacional de Electricidad (Cenace).
El 5 de agosto, por ejemplo, el precio de la energía importada llegó a unos USD 0,33 por kilovatio hora (kWh), mientras que la estimación de Cenace para agosto se ubicaba alrededor de USD 0,1723 por kWh.
Durante los primeros días del intercambio, Colombia todavía contaba con una participación importante de la generación hidroeléctrica. Sin embargo, el aumento de los precios en su mercado eléctrico responde también a la necesidad de preservar sus embalses ante el escenario climático previsto.
El problema para Ecuador es que su dependencia de las compras externas aumenta precisamente cuando su propia generación hidroeléctrica puede disminuir.
El Ministerio de Ambiente y Energía ha estimado que, en un escenario de estiaje severo, el déficit ecuatoriano podría alcanzar hasta 1.300 MW. Frente a esa eventualidad, la energía colombiana constituye una fuente de respaldo importante para evitar una mayor presión sobre el sistema nacional.
Un dilema entre costo y seguridad energética
El encarecimiento de la electricidad importada plantea un dilema para Ecuador: pagar más por energía extranjera o enfrentar un mayor riesgo de déficit de generación si la producción nacional no alcanza para cubrir la demanda.
Especialistas citados por El Oriente advierten que, bajo un escenario crítico, los precios de la electricidad colombiana podrían alcanzar niveles extraordinariamente altos. En episodios anteriores, Ecuador llegó a registrar compras de hasta USD 0,65 e incluso USD 1 por kWh.
La situación adquiere mayor relevancia porque la electricidad producida internamente puede tener costos considerablemente inferiores. Según el análisis citado, Ecuador genera energía de hasta aproximadamente USD 0,15 por kWh, mientras que el precio promedio cobrado a los usuarios ronda los USD 0,11 por kWh.
Por ello, cada incremento en el costo de la energía importada representa una presión adicional para el sistema eléctrico y para las finanzas públicas.
Colombia también debe proteger sus reservas
El problema no es exclusivamente ecuatoriano. Colombia también necesita preservar sus recursos hídricos para garantizar el abastecimiento interno durante su propio periodo seco.
De hecho, en enero de 2026 el Gobierno colombiano había suspendido las transacciones internacionales de electricidad con Ecuador argumentando la necesidad de proteger la seguridad energética nacional ante la variabilidad climática y las previsiones de una eventual transición hacia un nuevo fenómeno de El Niño.
Ahora, con el intercambio nuevamente activo, Ecuador queda expuesto a una variable que no controla: la disponibilidad de electricidad en el sistema colombiano y el precio al que su vecino esté dispuesto o pueda venderla.
El estiaje ecuatoriano está previsto para comenzar desde septiembre, antes de lo habitual, y el periodo de mayor presión podría extenderse hacia finales de 2026 y los primeros meses de 2027.
Así, el fenómeno de El Niño no solo representa una amenaza climática. Para Ecuador puede convertirse también en un factor de presión sobre el costo de la energía y sobre la seguridad del sistema eléctrico, justo cuando el país busca evitar una nueva crisis de abastecimiento.