El precio del oro alcanzó un máximo histórico, superando los 4.000 dólares por onza, en medio de un clima de creciente desconfianza hacia la economía estadounidense y las tensiones políticas que rodean al gobierno de Donald Trump. Los analistas atribuyen esta escalada a una combinación de factores económicos y geopolíticos que han llevado a los inversionistas a refugiarse en el metal precioso, considerado un valor seguro en tiempos de crisis.
El cierre parcial del gobierno federal y la falta de acuerdos en Washington han generado un escenario de inestabilidad que afecta los mercados. A esto se suma la expectativa de que la Reserva Federal podría reducir las tasas de interés antes de fin de año, lo que incrementa el atractivo del oro frente al dólar debilitado y los bonos del Tesoro. Según datos del mercado, el metal acumula un aumento del 52 % en lo que va del año, consolidándose como uno de los activos más rentables del 2025.
Las compras institucionales y el incremento de reservas de oro por parte de bancos centrales, especialmente en Asia, también han presionado al alza los precios. Fondos cotizados (ETF) respaldados en oro registran fuertes entradas de capital, reflejando la búsqueda de refugio ante un panorama global volátil. Firmas como Goldman Sachs proyectan que el metal podría llegar hasta los 4.900 dólares por onza en 2026 si se mantiene la tendencia actual.
El repunte del oro ha beneficiado directamente a las compañías mineras, cuyas acciones se han duplicado en el año, mientras otros metales como la plata, el platino y el paladio muestran desempeños mixtos. La creciente tensión en otras regiones del mundo, como Europa y Asia, ha reforzado además el papel del oro como escudo frente a la incertidumbre global.
Sin embargo, los expertos advierten que este rally podría enfrentar correcciones en el corto plazo si la situación política estadounidense se estabiliza o si la Fed cambia el rumbo de su política monetaria. Por ahora, el oro vuelve a consolidarse como el gran refugio financiero ante un mundo marcado por la volatilidad y la desconfianza.