Guyana advierte sobre nueva dependencia global de minerales críticos en medio de crisis energética

El presidente de Guyana, Irfaan Ali, alertó que la acelerada transición hacia energías renovables podría generar una nueva dependencia mundial centrada en minerales críticos como cobre, litio y cobalto, reemplazando gradualmente la histórica dependencia del petróleo.

Las declaraciones fueron realizadas durante la Offshore Technology Conference 2026, en un contexto marcado por la crisis energética internacional derivada de las tensiones en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes para el transporte mundial de petróleo y gas natural licuado.

Ali sostuvo que el mundo “no está eliminando la dependencia, sino trasladándola”, advirtiendo que la transición energética está impulsando un sistema cada vez más intensivo en minerales estratégicos necesarios para tecnologías renovables, redes eléctricas y almacenamiento energético.

El mandatario explicó que economías como China y la Unión Europea están acelerando inversiones en energía solar, eólica y electromovilidad para reducir su exposición a los combustibles fósiles importados. Sin embargo, señaló que este proceso también incrementa la presión sobre el suministro global de cobre, níquel, litio y cobalto.

Actualmente, el cobre se mantiene cerca de máximos históricos debido a la creciente demanda vinculada a infraestructura eléctrica, vehículos eléctricos y energías limpias, mientras varios países han comenzado a reforzar políticas de control sobre recursos minerales considerados estratégicos.

En paralelo, Guyana continúa consolidándose como uno de los productores petroleros de mayor crecimiento en el mundo, alcanzando cerca de 900.000 barriles diarios apenas seis años después de iniciar su producción comercial. El gobierno guyanés impulsa una estrategia que combina desarrollo petrolero con energías renovables, buscando mantener seguridad energética y crecimiento económico.

Ali incluso propuso reemplazar el concepto de “transición energética” por el de “equilibrio energético”, argumentando que el desafío global no solo consiste en producir energía más limpia, sino también garantizar estabilidad de suministro en un escenario geopolítico cada vez más complejo.