QUITO — En un contexto marcado por crisis energéticas y prolongadas sequías que afectan al sistema hidroeléctrico nacional, el aprovechamiento del calor de la Tierra surge como una alternativa estratégica y sostenible para el futuro energético de Ecuador.
Ubicado estratégicamente sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico y con 22 volcanes activos, el país posee un recurso geotérmico de alto potencial que ha permanecido mayoritariamente subutilizado. De acuerdo con datos e investigaciones del Instituto Nacional de Eficiencia Energética y Energías Renovables (INER) y otras entidades del sector, la capacidad geotérmica identificada en el territorio nacional se estima entre 1.000 MW y hasta 4.000 MW.
Actualmente, cerca del 75 % de la generación eléctrica en Ecuador proviene de centrales hidroeléctricas. Sin embargo, la alta vulnerabilidad de los caudales ante fenómenos climáticos pone en evidencia la necesidad de incorporar fuentes de generación de base, constantes y de bajas emisiones de carbono, características fundamentales que ofrece la geotermia.
Proyectos en desarrollo y zonas clave
A lo largo de la Sierra ecuatoriana se han identificado alrededor de 70 sistemas geotérmicos. Entre los proyectos más avanzados destacan:
Chachimbiro (Imbabura): Considerado el proyecto con mayor avance en el país, con una capacidad estimada de entre 50 y 100 MW.
Tufiño-Chiles-Cerro Negro (Frontera con Colombia): Proyecto binacional con un potencial de generación proyectado entre 138 y 276 MW.
Chalpatán (Carchi): En fase de estudio, con un potencial preliminar cercano a los 50 MW.
Chacana (Pichincha): Ubicado en las inmediaciones del volcán Antisana, actualmente bajo evaluación técnica.
Retos para su implementación
Pese a los evidentes beneficios para la estabilidad del sistema eléctrico y la reducción de la huella de carbono, el desarrollo de la geotermia en Ecuador enfrenta desafíos significativos:
Altos costos iniciales: Las etapas de exploración previa y perforación profunda demandan inversiones elevadas y tecnología especializada.
Capacitación y transferencia tecnológica: Se requiere la formación de personal técnico local especializado en la operación de este tipo de plantas.
Gestión social y ambiental: Dado que varios campos se ubican cerca de áreas protegidas o comunidades ancestrales, es indispensable implementar procesos de consulta, participación comunitaria y mitigación de impactos ambientales.
El impulso a la geotermia se presenta no solo como una solución estructural ante la dependencia hidroeléctrica, sino también como una oportunidad para atraer inversión internacional, generar empleo local y posicionar al país como referente de transición hacia energías limpias en Suramérica.
Foto: IA