Latinoamérica 2026: energía renovable y almacenamiento en pleno impulso hacia la transición energética

El año 2026 se perfila como un punto de inflexión para el desarrollo de la energía renovable y las soluciones de almacenamiento en Latinoamérica, en un contexto de impulso decidido hacia la transición energética y la descarbonización. La región, rica en recursos naturales y en proceso de consolidar marcos regulatorios más flexibles, se posiciona como un terreno fértil para la movilización de capitales y la estructuración de proyectos innovadores en energía limpia.

Analistas y expertos coinciden en que los próximos doce meses serán clave para afianzar modelos de negocio más sofisticados que atraigan inversión institucional tanto local como internacional, fortalezcan la bancabilidad de proyectos y faciliten la integración de tecnologías de almacenamiento.

Colombia: diversificación, almacenamiento y nuevos mecanismos de mercado

Colombia continúa su transición hacia una matriz eléctrica más diversificada con mayor participación de fuentes renovables no convencionales. Para 2026, el país espera consolidar mecanismos de confiabilidad como las obligaciones de energía firme (OEF) y promover sistemas de almacenamiento en baterías (SAEB) que ayuden a gestionar la variabilidad de la generación solar y eólica. Además, figuras regulatorias innovadoras como las comunidades energéticas y la generación remota buscan promover la inclusión de proyectos fuera de los grandes centros urbanos. No obstante, posibles reformas al régimen de servicios públicos podrían influir de manera significativa en la inversión y estabilidad tarifaria.

Chile: mayor diversificación financiera y reglas claras para almacenamiento

En Chile, tras un 2025 con fuerte crecimiento de proyectos solares con baterías, se espera que 2026 traiga un incremento en la diversidad de actores capaces de alcanzar cierre financiero. Las instituciones financieras ya muestran mayor flexibilidad en esquemas de deuda para proyectos Battery Energy Storage Systems (BESS), incluyendo estructuras de financiamiento vinculadas a PPAs financieros o contratos stand-alone. La reforma al reglamento de generación distribuida (PMGD) apunta a integrar de forma más clara el almacenamiento en la red, lo que podría atraer mayor inversión local y extranjera.

México: marco renovado para generación y almacenamiento

El marco regulatorio del sector eléctrico mexicano ha cambiado recientemente, reactivando oportunidades para proyectos de generación renovable y almacenamiento detenidos por la incertidumbre previa. La nueva planeación vinculante del sector, presentada por la Secretaría de Energía, eleva la meta de energía limpia al 38 % para 2030 y contempla permisos de largo plazo para proyectos de energía y almacenamiento, lo que puede facilitar su financiamiento estructurado. Se anticipa que durante 2026 también veremos avances en generación distribuida y esquemas de inversión mixta público-privada, siempre que existan reglas claras y certidumbre jurídica.

Perú: avances normativos y foco en servicios complementarios

En Perú, la normativa aprobada en 2025 está orientada a fomentar la diversificación energética, incluyendo herramientas que permitan la prestación de servicios complementarios como el almacenamiento mediante sistemas BESS. Estos dispositivos no solo aportan estabilidad a la red y mejor integración de renovables, sino que también pueden reducir costos operativos y fortalecer la seguridad energética en zonas aisladas. A la espera de una regulación más detallada para proyectos de almacenamiento independientes, se espera que 2026 marque un avance importante en la atracción de inversiones en este ámbito.

Retos compartidos y perspectiva regional

A nivel regional, los desafíos incluyen la sofisticación de los mecanismos de subasta, la asignación de obligaciones de energía firme, la expansión de redes de transmisión y distribución, y la madurez de estándares técnicos que permitan integrar eficientemente tecnologías de almacenamiento. Al mismo tiempo, la consolidación de mercados de PPAs financieros, el despliegue de modelos stand-alone y la reducción de barreras regulatorias constituyen oportunidades clave para acelerar la transición energética.

Con estos avances, Latinoamérica busca posicionarse no solo como una región con un enorme potencial renovable, sino como un mercado atractivo para inversiones sostenibles que impulsen su competitividad energética en el horizonte 2026.