Los mercados de metales registraron caídas generalizadas en medio de la creciente incertidumbre geopolítica en Medio Oriente y el endurecimiento de las expectativas monetarias a nivel global.
El cobre, uno de los principales indicadores del pulso económico mundial, cayó alrededor de 2% en la Bolsa de Metales de Londres, situándose en cerca de 11.917 dólares por tonelada. En términos semanales, acumuló una pérdida cercana al 7%, la más pronunciada desde abril de 2025.
La presión bajista no se limitó a este metal. El aluminio también retrocedió cerca de 1,45%, mientras que otros metales básicos como el zinc y el níquel registraron ligeras caídas, reflejando un debilitamiento general del sector.
Detrás de este comportamiento está la escalada del conflicto en Medio Oriente, especialmente tras los ataques entre Estados Unidos, Israel e Irán, que han elevado la volatilidad en los mercados. Aunque inicialmente el temor a interrupciones en el suministro impulsó algunos precios, el efecto dominante ha sido el aumento del nerviosismo sobre el crecimiento económico global.
A este escenario se suma el impacto de la política monetaria. La Reserva Federal decidió mantener sin cambios las tasas de interés, pero advirtió sobre una inflación persistente y un entorno de “incertidumbre inusualmente alta”, lo que ha enfriado las expectativas de liquidez en los mercados.
El encarecimiento de la energía —impulsado por el conflicto— también ha reforzado los temores inflacionarios, elevando los costos de producción y reduciendo el atractivo de los metales industriales, que dependen estrechamente del dinamismo económico.
En conjunto, el mercado refleja un cambio de ánimo: los inversionistas están reduciendo exposición a activos ligados al crecimiento, ante el riesgo de una desaceleración global si la tensión geopolítica se prolonga.