En pleno siglo XXI y aun con el libre acceso a la información a través de herramientas como el internet, la sociedad demuestra cada vez más desconocimiento sobre el mundo actual y hace uso de las redes sociales para vanagloriarse y masificar su ignorancia.
La ignorancia en este caso deja de ser una rémora para convertirse en un riesgo, pues afecta a quienes conducen de algún modo la sociedad. De manera que la alta posibilidad de provocar errores y disfunciones llega a ser intolerable.
Las redes sociales alimentan las falsedades y carencias de los individuos, pues muestran una vida que está lejos de ser realidad, promueven el consumismo y crean supuestas necesidades que resultan ser innecesarias.
Esto aplica en todos los ámbitos, la desinformación va de la mano de la ignorancia, que es aprovechada en muchos casos por los políticos para decir lo que sus masas quieren escuchar, hacer promesas alejadas a la realidad y de sus funciones, para así obtener los votos que les permita gobernar, una vez en el poder burlar a quienes los colocaron allí y actuar en torno a su agenda personal.
Por otro lado, el desconocimiento a cualquier nivel hace caer a las personas bajo los hechizos de los denominados “influencers”, que poco aportan de manera positiva y son oportunistas del consumo masivo de contenido llamado “basura cibernética”.
Este mundo tecnológico trae principalmente la necesidad de una revolución cultural y educativa, para salir del laberinto que nosotros mismos hemos construido y que, no dejamos de ampliar.
E.F