Colombia se prepara para El Niño y Ecuador enfrenta un nuevo riesgo para su sistema eléctrico
La estrategia anunciada por Colombia para proteger sus reservas energéticas podría reducir la disponibilidad de electricidad para Ecuador. Con el estiaje ya iniciado, el país vuelve a depender de sus reservas hídricas y de la generación térmica para evitar un escenario de racionamientos.
El sistema eléctrico ecuatoriano enfrenta un nuevo factor de presión. Colombia puso en marcha medidas preventivas ante el fortalecimiento del fenómeno de El Niño, una decisión que podría limitar las exportaciones de electricidad hacia Ecuador precisamente cuando el país inicia su temporada de menor disponibilidad hídrica.
El denominado Plan Energía YA contempla incentivos al ahorro eléctrico, medidas para proteger los embalses y acciones destinadas a garantizar la generación térmica colombiana durante el periodo crítico de 2026-2027. La prioridad de Bogotá será asegurar el abastecimiento de su propio mercado, lo que podría reducir los excedentes disponibles para vender a Ecuador.
La preocupación no radica únicamente en el volumen de electricidad que Ecuador compra a Colombia. La interconexión con el país vecino ha funcionado como un mecanismo para aliviar la presión sobre las centrales hidroeléctricas ecuatorianas y preservar agua en los embalses durante el estiaje.
Según datos citados por La Hora, durante la madrugada del 7 de septiembre Ecuador llegó a registrar cero importaciones desde Colombia. Posteriormente, el flujo se retomó, pero en niveles considerablemente inferiores a los habituales: alrededor de 96 MWh frente a una producción nacional de 34.044 MWh.
La situación coloca nuevamente a Mazar en el centro de la atención. El embalse inició septiembre con niveles superiores a los registrados durante la crisis eléctrica de 2024, pero su cota ha comenzado a descender y el caudal de ingreso continúa siendo una variable determinante para el sistema.
El escenario climático tampoco resulta alentador. Colombia ya reconoce oficialmente el riesgo asociado al fortalecimiento de El Niño, con previsiones de menores precipitaciones, reducción de caudales y presión sobre los embalses que alimentan su generación hidroeléctrica.
La electricidad colombiana representa para Ecuador algo más que una fuente adicional de generación. En un periodo de bajos caudales, importar energía permite reducir el uso de agua de las principales centrales hidroeléctricas y conservar reservas para las semanas más críticas.
La capacidad técnica de la interconexión binacional alcanza aproximadamente 450 MW, equivalente a cerca del 10% de la demanda media ecuatoriana. No constituye una solución definitiva ante un déficit profundo, pero sí puede marcar la diferencia entre operar con un margen de reserva reducido o tener que recurrir a desconexiones de carga.
El desafío aumenta porque Ecuador también arrastra limitaciones en su parque de generación térmica. Si Colombia necesita utilizar una mayor proporción de sus centrales térmicas para cubrir su propia demanda, el margen para exportar electricidad hacia Ecuador podría disminuir aún más.
El riesgo todavía no significa nuevos apagones
La posibilidad de que Colombia reduzca sus exportaciones no significa que Ecuador esté automáticamente ante un nuevo periodo de apagones. El comportamiento de las lluvias, la evolución de los embalses, la generación térmica nacional, la demanda y la disponibilidad de energía colombiana serán determinantes.
Sin embargo, el escenario vuelve a poner sobre la mesa una vulnerabilidad estructural: Ecuador no puede depender de un solo factor para garantizar su seguridad energética.
La experiencia de 2024 dejó claro el impacto económico y social de una crisis eléctrica prolongada. Ahora, con un nuevo periodo climático adverso en perspectiva, el desafío consiste en anticiparse al problema y ampliar el margen de seguridad antes de que las reservas lleguen a niveles críticos.
Para Ecuador, la advertencia es clara: el agua vuelve a convertirse en un activo estratégico y cada megavatio disponible puede ser determinante para sostener la estabilidad del sistema eléctrico.

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