Mercurio: la huella tóxica que deja la minería ilegal de oro en la Amazonía
La expansión de la minería ilegal de oro en distintos territorios amazónicos vuelve a encender las alertas por uno de sus impactos más persistentes: la contaminación con mercurio, un metal tóxico que puede desplazarse desde los centros de extracción hacia ríos, peces, fauna y comunidades.
Una delegación científica integrada por investigadores de Colombia, Perú, Bolivia y Brasil presentó recientemente información sobre los efectos de esta actividad ante el papa León XIV. El documento advierte sobre la pérdida de bosques, la contaminación de los ecosistemas y la exposición de poblaciones amazónicas al mercurio.
Uno de los datos que dimensiona el problema corresponde a Perú. Según el Centro de Innovación Científica Amazónica (CINCIA), hasta 2025 la extracción de oro estuvo asociada con la pérdida de 139.169 hectáreas de bosque. Entre 2021 y 2024, solo en el sur de la Amazonía peruana desaparecieron 30.846 hectáreas de cobertura forestal.
En Loreto, territorio fronterizo con Ecuador, Colombia y Brasil, también se han contabilizado más de 1.500 dragas vinculadas a la minería ilegal desde 2017, de acuerdo con la información presentada por los investigadores.
El mercurio no termina en la zona de extracción
El problema adquiere una dimensión mayor debido a la capacidad del mercurio para desplazarse y permanecer en el ambiente. Investigadores citados por CINCIA señalan que el metal utilizado en la extracción de oro puede llegar a los sistemas fluviales, incorporarse a los peces y avanzar por la cadena alimenticia hasta alcanzar a las personas.
En Madre de Dios, Perú, se estima que alrededor de 180 toneladas de mercurio son liberadas cada año. Otro estudio realizado en 2024 en las cuencas del Nanay-Pintuyacu y el Bajo Putumayo, en Loreto, encontró que 97 % de las 439 personas evaluadas superaba el límite considerado seguro de exposición al mercurio.
La contaminación tampoco permanece necesariamente localizada. El mercurio presente en la atmósfera puede permanecer durante meses y desplazarse antes de depositarse nuevamente sobre la vegetación, los suelos o los cuerpos de agua.
Una presión que crece junto con el valor del oro
Los científicos relacionan esta problemática con el incremento de la actividad aurífera. El informe de CINCIA señala que la demanda mundial de oro superó por primera vez las 5.000 toneladas en 2025, considerando también las operaciones extrabursátiles.
La preocupación ambiental se suma a los efectos sociales y sanitarios que enfrentan comunidades indígenas y poblaciones locales ubicadas cerca de zonas de explotación ilegal.
El escenario expuesto por los investigadores plantea un desafío que trasciende las fronteras nacionales: combatir la minería ilegal implica también controlar las cadenas de suministro de insumos como el mercurio, proteger los ríos amazónicos y evitar que el oro de origen ilícito ingrese a los mercados formales.
La alerta científica vuelve a colocar en el centro del debate la necesidad de diferenciar claramente entre la actividad minera formal, sometida a controles ambientales y regulatorios, y las operaciones ilegales que actúan al margen de la normativa y generan graves impactos sobre los ecosistemas amazónicos.
Foto referencial Tomada de: Noticias Caracol

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